Sin banco
Sin banco Se apoya en la esquina porque el pueblo que ciudad se quiere no tiene bancos para ella. No los diseñó pensando en cuerpos como el suyo, doblados por los años y por trabajos que no figuran en ninguna estadística. Tampoco tiene tiempo ni palabras para quienes aprendieron a esperar cuando esperar todavía servía para algo. La pared hace de su último respaldo público. Nadie la echó de allí pero tampoco nadie la invitó a sentarse en otro sitio. La expulsión moderna funciona así, sin empujones ni gritos, a base de ausencia. Sus manos entrelazadas sostienen décadas de trabajo invisible. No tiemblan por fragilidad, sino por memoria acumulada. En ellas se conservan los días de cocina sin horario, los cuerpos cuidados sin sueldo, las camas hechas de sudores ajenos y las vidas de otros sostenidas mientras la suya se quedaba en el olvido. Nadie le pidió recibos y nadie le devolvió derechos. No hubo contrato alguno pero sí obligaciones. No hubo salario pero sí cansancio. Ahora ...