Habitar la intemperie
Habitar la intemperie Seguramente nunca empezamos del todo. Y cuando creemos hacerlo, siempre terminamos llegando a mitad de algo: a mitad de una frase ya dicha por otros, de un gesto heredado sin saber muy bien de dónde viene o de una costumbre que repetimos sin conocer exactamente cuándo empezó a pertenecernos. Llamamos identidad a ese lugar donde atracamos como si fuese una orilla firme cuando en realidad no es más que un remolino donde se juntan muchas aguas. Y en ese lugar nos decimos que somos de ahí, nombrando lo propio con una actitud defensiva y convencidos de nuestro nombre. Seguramente no seamos más que un fragmento, un capítulo arrancado de un libro que no terminará de escribirse. Lo que consideramos como nuestro es algo prestado desde hace mucho tiempo. Nada es de ahora porque todo se mezcla siempre con lo que fue antes. Y hay un desasosiego difícil de nombrar cuando sentimos que no pertenecemos a algo. No es exactamente soledad ni abandono. Es más bien la sens...