A regatón muerto
A regatón muerto Esta imagen —rescatada de una página periodística del año 91— me produce la sensación de que el regatón no sirve para nada. No está clavado en la tierra, ni apoyado en ningún risco, ni siquiera buscando una grieta donde encajarse. No afirma el garrote y menos aún sostiene a quien a este se agarra. La punta metálica que un herrero un día calentara, golpeara en el yunque y luego templase para que mordiera el suelo anda aquí por el aire. El hombre también. Sería adecuado aclarar —dada mi manía de saltar al vacío sobre un texto y que ustedes conozcan de antemano lo que mi mano no escribe— que se denomina regatón, también puya o puyón , al implemento metálico insertado en la parte inferior del garrote y que sirve para fijarlo en el suelo, clavarlo con total seguridad o, simplemente, apoyarlo. Añado, además, que se compone normalmente de dos partes: el cubo , ese tramo de forma cilíndrica —con cierta tendencia a lo cónico— que recibe el encajamiento de la madera...