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El Cabildo de Gran Canaria aplaza la presentación del nuevo BIC “Juego del Garrote Tradicional de Gran Canaria”

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  El Cabildo de Gran Canaria aplaza la presentación del nuevo BIC “Juego del Garrote Tradicional de Gran Canaria” Desde la Consejería de Gobierno de Presidencia y Movilidad Sostenible del Cabildo de Gran Canaria, a través de su Servicio de Patrimonio Histórico, nos comunican el aplazamiento del acto previsto para hoy, miércoles, 25 de marzo de 2026, en la Casa Condal, municipio de Telde, respecto al reconocimiento del Juego del Garrote Tradicional de Gran Canaria como Bien de Interés Cultural Inmaterial (BIC), por alerta meteorológica. Desde hierbolario.blogspot.com estaremos atentos a las nuevas fechas previstas que se consideren oportunas para la realización del acto aplazado. Agradecemos su atención.

Un texto incompleto

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  Un texto incompleto   A veces uno escribe como quien deja una puerta entreabierta: sin saber del todo quién entrará ni qué buscará al hacerlo. Hay textos que nacen con vocación de decir algo concreto y otros —quizá los más honestos— que simplemente aparecen, como si respondieran a una necesidad más íntima y cercana al pulso que al discurso. Luego está la lectura: esa otra forma de volver a habitar lo escrito. Y ahí, inevitablemente, surgen los huecos, las ausencias, los nombres que no están. Como si el texto, en lugar de ser lo que es, pasara a ser medido por todo aquello que no dice. No deja de ser curioso: escribimos desde un lugar necesariamente limitado —porque lo somos—, pero se nos lee, a veces, como si estuviéramos obligados a abarcarlo todo. Como si cada palabra debiera rendir cuentas a una totalidad imposible. He escuchado algunas de esas observaciones. Incluso las entiendo. Hay en ellas una forma de atención que no deja de ser valiosa. Pero conviene no perde...

Ignorancia refinada

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Ignorancia refinada Hubo un tiempo —no sé si mejor o simplemente más desnudo— en el que se escuchaba a los mayores por necesidad. También por asombro. Había en sus palabras una forma de aprendizaje que no pasaba por la elección, sino por la carencia: se escuchaba porque no había otra manera de saber. Y en ese escuchar había algo casi honesto, una aceptación implícita de la propia ignorancia. Quizá era eso lo que sostenía todo: saber que uno no sabía. Hoy sabemos de todo. O, mejor dicho, creemos saber de todo. Si uno quiere saber si el barranco bajará con fuerza, ya no acude a quien ha mirado el cielo durante años porque las estelas de los aviones aparecerán y desaparecerán según convenga al argumento de la conspiración. Las alertas son sospechosas porque alguien ha decidido que lo son. Y cualquier medida colectiva —por prudente que sea— se interpreta como una amenaza que vacuna nuestra individualidad. El conocimiento, así, deja de ser una construcción compartida para convertirse...

La implacable seguridad de no saber

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  (Imagen: luna eclipsada por una tierra plana) Hay algo admirable en nuestra condición humana que nos encumbra hasta un grado inconcebible: no sabemos nada y, sin embargo, de lo que no sabemos somos capaces de acertar —con una seguridad impecable— justo en el centro de la diana. Y esto es una habilidad extraordinaria. Una destreza que hemos ido afinando con los años y perfeccionando con una experiencia que no necesita hechos para sostenerse. Hemos aprendido a opinar antes de entender, a concluir antes de escuchar y a explicar sin la molestia previa de preguntarnos si, acaso, hay algo que realmente merezca ser explicado. La guerra —esa que desordena el mundo— la llevamos perfectamente estudiada en nuestra cabeza. No necesitamos mapas, ni historia, ni memoria. Nos basta una frase bien colocada, una certeza con buen sonido y algo que se pueda apoyar con firmeza en la barra de cualquier conversación. Decimos quién empezó, quién provocó y quién tiene razón. Y lo decimos rápido, ...

Orilla de memoria

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  Orilla de memoria Hay herramientas que parecen recién hechas y otras que ya nacen antiguas. Esta lezna, por ejemplo, descansa sobre las piedras de la orilla como salida de un bolso, de una talega o de un zurrón de alguien que se sentó un momento junto al mar. No es un objeto de la prisa ni de ninguna artificiosa inteligencia que hoy nos empuja en el mundo de lo rápido, olvidándose instantáneamente de nosotros mismos. La madera del mango todavía guarda la memoria del árbol, con un dedal de costurera encajado en uno de sus extremos. Y ni la memoria ni el dedal están ahí por adorno. Mientras el metal hace de anillo y defensa, abrazando la madera para que no se abra, la memoria del árbol nos devuelve el recuerdo del abrazo con el que la corteza lo protegía. No deja de ser curioso: una herramienta hecha para que, cuando se cosen telas, la aguja no nos abra agujeros en los dedos ha terminado protegiendo a otra que abre camino en el cuero. A veces los oficios se prestan cosas sin...

La última vez

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  La última vez Guardo esta cinta de casete quizá por la misma razón que se conservan los objetos de otro tiempo: uno termina por convencerse de su virtud para guardar el tiempo en su interior. Un día decidí escucharla. Busqué un reproductor, de esos que todavía aceptan objetos tan obstinadamente analógicos, y la introduje con un cuidado que me sorprendió a mí mismo. Durante un instante dudé. Presioné el botón, pero la voz no sonaba. Lo que salió del aparato fue un sonido irregular, una especie de respiración metálica, seguida de un silencio largo. Abrí la tapa y entonces vi que la cinta se había escapado. Había salido lentamente de su escondite, deslizándose hacia fuera hasta formar un pequeño enredo oscuro sobre la mesa. Introduje un bolígrafo en uno de los carretes y empecé a girarlo con cuidado, al modo en que lo hacíamos antes cuando las cintas se atascaban. Pero la cinta ya no obedecía. Se doblaba sobre sí misma, como si se negara a volver al lugar donde había gua...

Crónica sincronizada de una charla

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  Crónica sincronizada de una charla   La charla comenzó con una advertencia sencilla: aquello no iba a ser una intervención breve. Eliezer Medina Moreno —licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria— anunció que necesitaría entre media hora y cuarenta minutos para explicar el proceso seguido en la elaboración del informe que ha permitido declarar el Juego del Garrote Tradicional de Gran Canaria como Bien de Interés Cultural Inmaterial. Tuve la oportunidad de asistir a aquella exposición, en la que también detalló —con acertada puntería lingüística— el recorrido administrativo del expediente hasta la consecución del objetivo pretendido. Confieso que aquel día no pude prestar toda la atención que hubiese querido a las palabras allí pronunciadas que, dada su barítona oratoria, resonaban en los pasillos que entretuvieron mis quehaceres aquella noche. Sin embargo, la charla fue grabada íntegramente por Este Canal y, gracias a ello, he p...