The Dark Side of the Moon
The Dark Side of the Moon Hay saberes que no se escriben. Pasan de una mano a otra con la misma paciencia con la que crecen las cosas que curan. No necesitan explicarse del todo: basta con repetir el gesto, o corregir la postura y atender a lo que las sombras nos esconden. Así han llegado hasta aquí. No por haber sido nombrados, sino por haber sido practicados. Por alguien que señaló el momento justo y por otro que supo esperar el suyo. Y hubo un tiempo en que esos gestos se aprendían de noche, cuando el día no dejaba lugar a otra cosa, o cuando era mejor que ciertas cosas no fueran vistas. Bajo la misma luna que no distingue entre lo permitido y lo que se calla, el conocimiento encontraba su forma de seguir pasando de mano en mano, sin interrupción. También ahora, mientras otros ojos intentan alcanzar su cara oculta —esa que algunos insisten en nombrar como descubrimiento reciente, como si no hubiera estado siempre ahí, acompañando en silencio cada giro de la luz—, s...