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IV Jornadas del Agua: aprender (de nuevo) a escucharla

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  IV Jornadas del Agua: aprender (de nuevo) a escucharla Hay palabras que se usan tanto que acaban desgastándose. Agua es una de ellas. La nombramos a diario, la damos por hecha, pero pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que arrastra: memoria, territorio, trabajo colectivo, equilibrio frágil. Quizás por eso son necesarias, hoy más que nunca, citas como las IV Jornadas del Agua , que se celebrarán el sábado 14 y domingo 15 de febrero , en Temisas. Estas jornadas, impulsadas por la Heredad del Juncal Alto , con la colaboración de la Asociación Vecinal Caserío Canario de Temisas, Producciones En la Arena y el Ayuntamiento de Agüimes , no nacen como un evento al uso. Su propósito, desde la primera edición, ha sido mantener viva la cultura del agua , generar un espacio donde encontrarse, conversar y aprender juntos sobre un bien que ha sostenido la vida en esta isla y que, sin embargo, hemos ido relegando a un segundo plano. Durante años actuamos como si el agua fuera ...

Escribir como se camina

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  Escribir como se camina Al niño lo despertaban desde muy temprano. No hacía falta decirle mucho para que supiera que el día comenzaba antes de que el sol lo fuese iluminando poco a poco. Quizás por eso se levantaba como si siguiera dentro de un sueño. Sentado en la cama, se vestía y se ponía los zapatos a la luz de una vela. Luego salía a la calle y enlazaba con la carretera de tierra por donde caminaba hacia donde la claridad iba creciendo. No sabía que se dirigía hacia el este ni tampoco que los mayores dividían el mundo en cuatro partes para no perderse. O para no perderlo. A él le bastaba con caminar. Antes que al sol ya había saludado a la perra, a las cabras en la choza del solar junto a la casa y a la vecina de enfrente, que tenía la ventana siempre abierta. Su mundo se le adelantaba al día. Lo reconocía antes de ser visto cuando, después de un ligero desayuno en la cocina, cargaba con el bolso de la comida que su madre enviaba al padre. Luego, con la naturalidad de...

De aquellas tardes

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  De aquellas tardes Fueron tardes de un tiempo. Y de otro país porque ya no lo habito sino en recuerdos. De alguna manera me hizo sentirme pastor, acompañándolo en el caminar cuando sacaba el ganado del corral —por las lomas del barranco— hasta donde las cabras mismas decidieran entretenerse. Con el garrote apenas de nuestra medida, porque no hacía falta más ni tampoco era para tanto. La bardina, que había quedado enferma de un mal parto, a nuestra vera y esperando el movimiento de sus brazos. Eso lo supe aquel día en que usted, desde lejos, la dirigía con aspavientos: a la derecha o a la izquierda, según le interesaba. No era pedrera la perra ni, al menos entonces, era usted de tirarlas. Costó cogerle la confianza, hay que decirlo. Yo le dejaba algunas manadas de matas de millo después de haber cogido las piñas y usted me lo agradecía con templanza. Otras veces, el pan horneado de esa tarde quedaba amarrado en la puerta de la caseta hasta que llegara por la mañana a abrirla...

Pastor de oficio y mirada

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  Pastor de oficio y mirada Inclinado sobre sus manos, Fasio (Bonifacio) entendía el mundo a su manera. Quizás no necesitaba levantar la vista porque sabía dónde estaba todo.  Hoy ese gesto queda en suspenso, como una frase que no me atrevo a terminar…

Alta velocidad hasta el amanecer

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  Alta velocidad hasta el amanecer   He de reconocer que tengo miedo cuando escribo. No miedo de lo que pueda ocurrir después de haber escrito —que también—, sino de lo que pueda decir. Y ese miedo no nació conmigo, puesto que, posiblemente, me llegó hecho, como llegan las advertencias que nadie dice del todo. No lo aprendí pronto, pero ahora sé que hay palabras que no conviene pronunciar de cualquier manera y otras que, aun dichas en voz baja, hacen demasiado ruido. Por eso escribo con cuidado, como quien camina por una casa en la que otros ya están durmiendo desde hace décadas. Tengo miedo de hacer ruido al escribir porque sospecho que muchas veces no digo nada y tan solo amontono palabras como si fueran muebles viejos que nadie quiere tirar. Y cada palabra mal puesta suena como una patada dada a la noche, convertida en un trasto atravesado en el pasillo. Me pregunto si a quienes escriben en los periódicos les pasa como a mí. O a quienes locutan palabras escritas en...

Un día más

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  Un día mas Miguelito nació en 1917. Participó en una guerra de la que aprendió que hablar no siempre era una forma de estar a salvo y regresó a una vida que tampoco ofrecía demasiadas palabras. Fue aparcero: trabajó tierras que no eran suyas, aceptó repartos injustos y aprendió a medir la dignidad en gestos pequeños, casi invisibles. En la imagen está sentado: con la cabeza inclinada y pelando papas con una concentración que le enseñó todo lo necesario. No hay ceremonia ni nostalgia. Las manos hacen lo que saben hacer desde siempre. El cuchillo avanza sin prisas, como queriendo no desperdiciar el tiempo. Cada tira de cáscara cae en silencio, igual que cayeron antes otras cosas. Nunca contó batallas y lo que vio en el frente no se lo colgó en la suya. No dejó relatos, ni fechas, ni nombres. Pero su cuerpo conservó la memoria: la forma de sentarse, el ahorro del movimiento, la manera de ocupar poco espacio. Murió con noventa y cuatro años y en esta escena no parece un supe...

Habitar la intemperie

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  Habitar la intemperie Seguramente nunca empezamos del todo. Y cuando creemos hacerlo, siempre terminamos llegando a mitad de algo: a mitad de una frase ya dicha por otros, de un gesto heredado sin saber muy bien de dónde viene o de una costumbre que repetimos sin conocer exactamente cuándo empezó a pertenecernos. Llamamos identidad a ese lugar donde atracamos como si fuese una orilla firme cuando en realidad no es más que un remolino donde se juntan muchas aguas. Y en ese lugar nos decimos que somos de ahí, nombrando lo propio con una actitud defensiva y convencidos de nuestro nombre. Seguramente no seamos más que un fragmento, un capítulo arrancado de un libro que no terminará de escribirse. Lo que consideramos como nuestro es algo prestado desde hace mucho tiempo. Nada es de ahora porque todo se mezcla siempre con lo que fue antes. Y hay un desasosiego difícil de nombrar cuando sentimos que no pertenecemos a algo. No es exactamente soledad ni abandono. Es más bien la sens...