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Crónica sincronizada de una charla

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  Crónica sincronizada de una charla   La charla comenzó con una advertencia sencilla: aquello no iba a ser una intervención breve. Eliezer Medina Moreno —licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria— anunció que necesitaría entre media hora y cuarenta minutos para explicar el proceso seguido en la elaboración del informe que ha permitido declarar el Juego del Garrote Tradicional de Gran Canaria como Bien de Interés Cultural Inmaterial. Tuve la oportunidad de asistir a aquella exposición, en la que también detalló —con acertada puntería lingüística— el recorrido administrativo del expediente hasta la consecución del objetivo pretendido. Confieso que aquel día no pude prestar toda la atención que hubiese querido a las palabras allí pronunciadas que, dada su barítona oratoria, resonaban en los pasillos que entretuvieron mis quehaceres aquella noche. Sin embargo, la charla fue grabada íntegramente por Este Canal y, gracias a ello, he p...

Honoris Causa de la calma

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  Honoris Causa de la calma Hoy me siento infinitamente más sereno. Y esa infinitud de calma deseo compartirla con ustedes, por ver si se les contagia, aunque sospecho —siendo sincero— que lo hago por miedo a perderla. En todo caso, la tranquilidad de mi espíritu se debe a saber que determinado rector ha explicado, con la solemnidad que exige el birrete y la liturgia académica, que un doctorado honoris causa se concede a quien encarna durante décadas “los valores del conocimiento, la cultura y la solidaridad”. Eso me reconcilia con el orden del mundo. Qué alivio comprobar que tales valores pueden alojarse con tanta naturalidad en quien alcanzó la celebridad por vía consorte, por proximidad de corona here-dada y no por los engorrosos caminos de la investigación, la docencia o el pensamiento crítico. La universidad, tan dada a las metáforas, ha encontrado por fin una forma de sintetizar el saber en la genealogía. Mi tranquilidad crece —casi diría que se institucionaliza— cuan...

Lo que el agua nos escribe

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  Lo que el agua nos escribe “El agua la cogiamos  del barranquillo mismo.  Cuando llovía se mantenía el agua  de un charco al otro… y teníamos uno reservao  pal agua de beber… y después otro más pa bajo  pa lavar las empleitas  y los aros y esas cosas… y después otro pa lavar la ropa.  Es que, mi niño,… pa hacer el queso… hace falta el agua” (Fabita Mayor, Pastora)  A partir de esta memoria concreta, la reflexión se abre hacia una evidencia categórica: el agua es condición de vida. No solo sostiene nuestros cuerpos —compuestos en gran parte por ese líquido que no siempre advertimos—, sino también los sistemas económicos y tecnológicos que hemos construido. Cada alimento, cada prenda, cada dispositivo arrastra una huella hídrica invisible. Incluso el mundo digital, que parece inmaterial, depende de procesos que consumen agua constantemente. Aunque no la veamos, el agua está detrás de casi todo lo que hacemos. Pero esa ...

IV Jornadas del Agua: aprender (de nuevo) a escucharla

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  IV Jornadas del Agua: aprender (de nuevo) a escucharla Hay palabras que se usan tanto que acaban desgastándose. Agua es una de ellas. La nombramos a diario, la damos por hecha, pero pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que arrastra: memoria, territorio, trabajo colectivo, equilibrio frágil. Quizás por eso son necesarias, hoy más que nunca, citas como las IV Jornadas del Agua , que se celebrarán el sábado 14 y domingo 15 de febrero , en Temisas. Estas jornadas, impulsadas por la Heredad del Juncal Alto , con la colaboración de la Asociación Vecinal Caserío Canario de Temisas, Producciones En la Arena y el Ayuntamiento de Agüimes , no nacen como un evento al uso. Su propósito, desde la primera edición, ha sido mantener viva la cultura del agua , generar un espacio donde encontrarse, conversar y aprender juntos sobre un bien que ha sostenido la vida en esta isla y que, sin embargo, hemos ido relegando a un segundo plano. Durante años actuamos como si el agua fuera ...

Escribir como se camina

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  Escribir como se camina Al niño lo despertaban desde muy temprano. No hacía falta decirle mucho para que supiera que el día comenzaba antes de que el sol lo fuese iluminando poco a poco. Quizás por eso se levantaba como si siguiera dentro de un sueño. Sentado en la cama, se vestía y se ponía los zapatos a la luz de una vela. Luego salía a la calle y enlazaba con la carretera de tierra por donde caminaba hacia donde la claridad iba creciendo. No sabía que se dirigía hacia el este ni tampoco que los mayores dividían el mundo en cuatro partes para no perderse. O para no perderlo. A él le bastaba con caminar. Antes que al sol ya había saludado a la perra, a las cabras en la choza del solar junto a la casa y a la vecina de enfrente, que tenía la ventana siempre abierta. Su mundo se le adelantaba al día. Lo reconocía antes de ser visto cuando, después de un ligero desayuno en la cocina, cargaba con el bolso de la comida que su madre enviaba al padre. Luego, con la naturalidad de...