Los límites de nuestro mirar
Los límites de nuestro mirar A muchas opiniones la vida les dura apenas una fracción de la confianza con la que fueron pronunciadas. Otras envejecen tan mal que terminan soplando, como el viento en proa, contra quien las formuló. La historia está llena de ejemplos. Los primeros impresionistas fueron recibidos con burlas por buena parte de la crítica. Vincent van Gogh murió prácticamente ignorado. Los Beatles fueron rechazados por algunas compañías discográficas convencidas de que los grupos de guitarras habían dejado de interesar al público. Enrique Murillo, entonces lector para Planeta, desestimó el manuscrito de La sombra del viento al considerar que despertaría escaso interés entre los lectores. Años después reconocería públicamente su error. Lo cierto es que ninguno de estos juicios consiguió detener lo que terminó ocurriendo. Esas opiniones terminaron dejando de hablar de las obras que pretendían juzgar para empezar a hablar de quienes las juzgaron. Tal vez el prob...