Ignorancia refinada
Ignorancia refinada Hubo un tiempo —no sé si mejor o simplemente más desnudo— en el que se escuchaba a los mayores por necesidad. También por asombro. Había en sus palabras una forma de aprendizaje que no pasaba por la elección, sino por la carencia: se escuchaba porque no había otra manera de saber. Y en ese escuchar había algo casi honesto, una aceptación implícita de la propia ignorancia. Quizá era eso lo que sostenía todo: saber que uno no sabía. Hoy sabemos de todo. O, mejor dicho, creemos saber de todo. Si uno quiere saber si el barranco bajará con fuerza, ya no acude a quien ha mirado el cielo durante años porque las estelas de los aviones aparecerán y desaparecerán según convenga al argumento de la conspiración. Las alertas son sospechosas porque alguien ha decidido que lo son. Y cualquier medida colectiva —por prudente que sea— se interpreta como una amenaza que vacuna nuestra individualidad. El conocimiento, así, deja de ser una construcción compartida para convertirse...