Café sostenible
Café sostenible Durante mucho tiempo debimos de estar haciéndolo todo mal. Plantábamos las semillas en la tierra, esperábamos a que lloviera, confiábamos en el sol y, con una paciencia difícilmente compatible con nuestros actuales ritmos de vida, aguardábamos varios años hasta que aquello empezara a producir algo. Menos mal que hemos avanzado. Ahora tenemos la capacidad de meter la semilla directamente en una taza, colocarla debajo de una cafetera y esperar los resultados al instante. Es un procedimiento considerablemente más cómodo, puesto que no es necesario disponer de una finca, conocer las lluvias ni distinguir una tierra fértil de otra que no lo sea. Tampoco hace falta madrugar, agacharse, ensuciarse las manos o esperar estaciones: nos basta con pulsar un botón. La naturaleza, convenientemente organizada, debería comprenderlo. Resulta mucho más tranquilizador ver esas dos pequeñas hojas creciendo sobre el café, porque significa que finalmente hemos conseguido ad...