Cosas que se hacen (cuando se puede)
Cosas que se hacen (cuando se puede) Cuando se termina de redactar un manuscrito, si se tiene la posibilidad, se publica. Dicho así, parece un gesto sencillo, casi mecánico. Pero entre una cosa y la otra suele mediar un tiempo difícil de medir: no el de los días o los meses, sino ese otro en el que el autor —este yo— aprende a soltar lo que ha sido, durante tanto tiempo, solo suyo. Publicar es, en el fondo, dejar que el texto empiece a desprenderse. Y cuando eso ocurre, cuando el editor convierte el manuscrito en libro, hay otra costumbre: presentarlo. Darle un lugar, una fecha, una hora. Hacer que exista también en ese espacio donde la palabra vuelve a ser voz, donde lo escrito se acerca, por un momento, a quienes lo escuchan. Para eso se hace un cartel, un objeto sencillo donde se ordena lo imprescindible: aquí, tal día y a tal hora. Un modo de decir sin rodeos que algo va a suceder, que algo, de hecho, ya está sucediendo. Este es ese cartel. En él aparece el título: V...