Sin fondo
Sin fondo La cesta de pírgano del dibujo tiene una ventaja sobre nosotros: sabe cuándo está llena. Se pueden colocar unas caballas sobre otras, aprovechar los huecos, ordenar mejor lo recogido e intentar todavía que quepa alguna más, pero llega un momento en que no será posible. La propia cesta, por miedo a romperse, lo dice claramente: esto es lo que podemos llevar. La mujer de la imagen parece haberlo comprendido. Su cesta está llena y la sostiene con ambas manos, apoyándola contra el cuerpo inclinado. No sabemos cuánto tiempo necesitó para llenarla ni qué hará después con todo ese pescado. Tampoco importa demasiado. Basta observarla para comprender que la tarea tiene un final. Cuando se llena, pues ya está llena. Y a partir de ese momento habrá que hacer algo con lo recogido: llevarlo a casa, venderlo, repartirlo, cocinarlo, conservarlo en escabeche o jarearlo para cuando la marea nos dé un susto. El límite de la cesta obliga a que las cosas continúen su camino. Duran...