Pensando al oscuro
Pensando al oscuro A veces siento que, para pensar de verdad, hay que meter las manos dentro de la cabeza. No para sacar las ideas, sino para amasarlas. La mayoría empiezan siendo un puñado de pensamientos secos que han de remojarse. Hay que apretarlas, aflojarlas y retorcerlas. Y volver a empezar. Las ideas se resisten igual que el gofio seco se pega al paladar. A esa agua convendría añadirle un poco de tiempo, otro tanto de memoria y muchas voces ajenas, igual que en una pella de gofio caben la sal, la miel o el queso. Hay pensamientos que necesitan incluso reposar. No porque dejen de amasarse, sino porque siguen revolviéndose ellos solos a escondidas. Uno se marcha creyendo que los ha dejado donde estaban y, al regresar, descubre que durante la noche han cambiado de sitio y de consistencia. Llama la atención que el zurrón conserve la forma de lo que un día estuvo vivo. En la piel curtida del baifo, la barriga aún sigue ahí, doblándose sobre sí misma mientras las mano...