Las cosas que terminan agarrándonos
Las cosas que terminan agarrándonos Se pregunta uno si, en un desesperado intento por no olvidar qué somos y quiénes somos, nos agarramos a las cosas para encontrarnos en ellas. Ningún barco sale al mar pensando —sabiendo que los barcos no piensan— en perder el timón. Tampoco un candil imagina —¿serán capaces de imaginar los candiles?— que un día dejará de iluminar cubiertas para balancearse, apagado, entre los brazos de un animal que aprendió a navegar bajo el agua, entre la oscuridad de un mar entintado por su propio puño y letra. Ni el ancla sospecha —¿soñarán anclas y potalas con jubilarse agarradas a arenas y arrecifes?— que terminará colgando en el vacío sin tocar jamás el fondo. Demasiadas veces creemos que somos nosotros quienes poseemos las cosas. Decimos mi casa , mi oficio , mis libros , mis recuerdos , mis ideas . Las nombramos como quien coloca una etiqueta convencido de que basta pronunciar un «mi» para convertirse en dueño de algo. El tiempo tiene la extr...