Alta velocidad hasta el amanecer
Alta velocidad hasta el amanecer He de reconocer que tengo miedo cuando escribo. No miedo de lo que pueda ocurrir después de haber escrito —que también—, sino de lo que pueda decir. Y ese miedo no nació conmigo, puesto que, posiblemente, me llegó hecho, como llegan las advertencias que nadie dice del todo. No lo aprendí pronto, pero ahora sé que hay palabras que no conviene pronunciar de cualquier manera y otras que, aun dichas en voz baja, hacen demasiado ruido. Por eso escribo con cuidado, como quien camina por una casa en la que otros ya están durmiendo desde hace décadas. Tengo miedo de hacer ruido al escribir porque sospecho que muchas veces no digo nada y tan solo amontono palabras como si fueran muebles viejos que nadie quiere tirar. Y cada palabra mal puesta suena como una patada dada a la noche, convertida en un trasto atravesado en el pasillo. Me pregunto si a quienes escriben en los periódicos les pasa como a mí. O a quienes locutan palabras escritas en...