Cada palo en su lugar: singularidades del garrote de Gran Canaria


Cada palo en su lugar: singularidades del garrote de Gran Canaria

En la Jornada sobre el Juego del Garrote Tradicional de Gran Canaria, celebrada recientemente en el Teatro Víctor Jara —en Vecindario, municipio de Santa Lucía de Tirajana—, D. Eliezer Medina Moreno, licenciado en Historia, dejó nítidamente expuestas —con palabras claras, concretas, precisas y resonantes— las razones que sustentan la solicitud de declaración del juego del garrote como Bien de Interés Cultural en el ámbito insular de Gran Canaria.

Desde el público surgieron algunas dudas: ¿por qué no elevar esa declaración al conjunto del Archipiélago? ¿Por qué no un reconocimiento de alcance autonómico, capaz de englobar todas las variantes existentes?

Explicó el Sr. Medina Moreno que mezclar prácticas similares de otras islas —como el juego de la lata en Fuerteventura— en un único almiré, machacadas con agua, sal y ajo hasta hacerlas irreconocibles, obligaría a aceptar una mezcla que borraría los matices propios de cada tradición. En otras palabras: no se pueden diluir las diferencias que singularizan a cada manifestación cultural bajo un intento de unificación apresurada. Si se hiciera, se perdería justamente aquello que permite distinguir unas prácticas de otras, aunque a primera vista puedan parecernos cercanas.

Medina explicó que la intención nunca había sido negar la diversidad, sino preservarla con rigor: reconocer la práctica del garrote en Gran Canaria como lo que es, sin confundirla con otras manifestaciones que, aunque parecidas, llevan su propio pulso y su propio aliento histórico. Sus palabras dejaron en el ambiente una sensación de alivio y, al mismo tiempo, de desafío. Alivio, porque disipaban cualquier equívoco sobre la intención del expediente: no se trataba de excluir a nadie, sino de proteger una tradición concreta, con su genealogía propia y sus portadores legítimos. Y desafío, porque recordaban la enorme responsabilidad que supone nombrar un patrimonio sin desdibujarlo.

En ese punto de la Jornada, la conversación viró hacia algo más profundo que una simple duda administrativa. No era solo una cuestión de ámbito —insular o autonómico—, sino de cómo entendemos la diversidad cultural dentro del Archipiélago. De cómo cada isla ha tejido su propio modo de relacionarse con el palo, la defensa y el cuerpo. Y de cómo esas prácticas, aunque compartan cierta raíz común, han evolucionado en direcciones diferentes, moldeadas por contextos específicos de uso, transmisión y memoria.

El Sr. Medina Moreno insistió en que el reconocimiento patrimonial no busca fabricar uniformidades, sino resguardar singularidades. Realizó un símil sobre este asunto poniendo como ejemplo la cerámica realizada en diversos puntos del archipiélago canario. La tentación de unirlo todo bajo una misma etiqueta —“por comodidad”, “por simplificar”, “porque se parecen”— suele terminar por convertir las tradiciones en un mojo espeso donde nada se distingue con claridad. Y lo que se preservará, al final, será una sombra genérica y no la práctica viva, con sus particularidades y riquezas características, que se pretende proteger.

De ahí que la declaración oficial del Juego del Garrote Tradicional de Gran Canaria se haya solicitado —y reconocida oficialmente— a nivel insular.

para hierbolario.blogspot.com

Eduardo González.


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