El garrote ahora descansa detrás de la puerta
El garrote ahora descansa detrás de la puerta
Después de casi cuatro décadas de práctica he decidido cerrar mi etapa activa en el Juego del Garrote. No participaré en más muestras, encuentros ni en actos públicos, cuestión esta en la que nadie gana ni nada se pierde. Pensaba anunciarlo el día de mi cumpleaños, pero alguien, con más sabiduría que prisa, me sugirió que es mejor no mezclar la nata de las tartas con la leche y el gofio. Y comprendí que tenía razón: hay decisiones que necesitan su propio día, su propio aire y su propia claridad.
No es una renuncia, sino un tránsito natural: llega un momento en que el cuerpo necesita retirarse para que la palabra tome el relevo y diga, con calma, lo que el gesto ya no puede expresar. Me retiro de la práctica pero no del compromiso. Seguiré defendiendo la memoria del garrote desde la escritura, que hoy es el espacio donde mejor puedo expresar lo aprendido y señalar lo que considero necesario. Desde ahí seguiré recordando que este juego no nació para el escaparate, sino para la vida real de las comunidades que lo sostuvieron.
La Revoliá —esa escuela que nació en Vecindario como un acto de rebeldía cultural y de lealtad a los mayores— ha marcado mi manera de entender este legado. En sus manos, en sus voces, en sus silencios y en su empeño por enseñar sin alardes he encontrado siempre un lugar donde el garrote se vive con dignidad y verdad. A ese espíritu sigo unido, aunque ya no esté presente con el garrote en la mano.
Agradezco a todas las personas que caminaron conmigo: a quienes abrieron veredas en los parques de Vecindario, a quienes enseñaron sin prisa, a quienes defendieron este saber cuando aún nadie lo nombraba. Todo eso me acompaña, y es desde ahí desde donde seguiré escribiendo.
Mi garrote descansará ahora detrás de la puerta de casa. Junto a él queda otro, de la misma medida, como ofrecimiento a quien entre sin pedir permiso: un gesto sencillo que respeta el latido de la accesibilidad universal que dispone la Ley de Patrimonio y que garantiza una igualdad de condiciones entre dos personas si la cosa se saliera de madre.
Cierro, por lo tanto, esta etapa con serenidad y con la convicción de empezar otra en la que aún tendré cosas que decir y defender. Y estas no son pocas.
Con estima, para hierbolario.blogspot.com
Eduardo González

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