Vientos del Sureste


 Vientos del Sureste


—Esto no es tierra. Esto es castigo.

Nadie más dijo algo. No hacía falta. Sus miradas recorrieron las extensas fanegás de tierra como si midieran la extensión de su condena. No había rastros de humedad alguna, aunque la relentá de la noche fuera exagerada en el rocío. No había rastro de nada bueno. El suelo, más que dormido, estaba muerto, como si en muchos años no hubiese sido nombrado por nadie. En silencio, todos llegaron a la misma conclusión: aquello no era un reparto. Era un destierro.

Ese día lo vio con la misma claridad con que el sol ya despuntaba: el reparto no era solo de tierras, sino de dignidades. A unos se les da lo que florece. A otros, lo que apenas resiste y existe. Y aunque los repartos hablaran de igualdad, el agua —si algún día llegara a esos terrenos— se detendría, negándose a participar en semejante atropello. El agua diría que en ese páramo nunca fluiría la justicia.

El más joven de los aparceros, al ver con impotencia todo aquello, golpeó una piedra con la cabeza del sacho. No era una piedra grande, pero al hacerlo se partió en dos, dejando al descubierto un hueco, un vacío en su interior que olía a sepultura recién abierta. Él, justo a su lado, clavó el sacho en la tierra que la piedra dejó al descubierto. No lo hizo por trabajo. Lo hizo por testimonio. Sabía que hay tierras que dan hambre y otras que la quitan.

—Aquí no va a crecer nada —le dijo al joven con un susurro cargado de siglos.


(Vientos del Sureste, integrado por Lo que el viento nos escribe, publicado en 2023, y Viento de domingo, ofrece una mirada literaria sobre las luchas aparceras, las movilizaciones sociales y la memoria del trabajo agrícola en Canarias con el fin de dar voz a quienes históricamente habitaron los márgenes. BeginBooks Ediciones, 2026.  Eduardo González Pérez. Presentación: Museo de la Zafra. Viernes, 24 de abril, 2026…a partir de las siete de la tarde)


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