Seguramente….


 Seguramente….


Seguramente todo no empieza cuando se le pone un nombre ni termina cuando creemos haberlo olvidado. Existe también aquello que se sostiene en otro lugar: lo que se repite sin hacerse notar, lo que se aprende sin que nadie lo señale y lo que encuentra su camino por sí mismo. Pero, seguramente, hayamos olvidado dónde está ese otro lugar.

Seguramente muchas veces parecemos seres que habitan en otra dimensión que nada tiene que ver con lo que somos. Y aunque salgamos de ella con mala conciencia, pronto se nos pasa. Es transitoria, nos decimos, y menos mal que el olvido actúa rápidamente: como los buenos analgésicos que alivian antes de preguntarnos qué nos duele.

Seguramente por eso llega un momento en que dejamos de reconocer el lugar donde estamos. No porque el mundo haya cambiado de golpe, sino porque lo ha hecho poco a poco mientras mirábamos hacia otro lado. Entonces nos descubrimos cansados, con la sensación de haber permanecido demasiado tiempo en una casa. Reconocemos su puerta pero, al entrar por ella, nos damos cuenta de que ya no guarda ninguna de las vidas que recordábamos. Todo parece ocupar el mismo sitio y, sin embargo, nada permanece donde lo dejamos.

Seguramente por eso sentimos el impulso de apartarnos un poco. No para marcharnos del todo, sino para escuchar otra vez el ruido de fondo que queda oculto bajo el estruendo. Y para averiguar si todavía existe ese otro lugar donde las cosas ocurren sin necesidad de anunciarse. Donde el valor de algo no depende de cuántas personas lo miren. Donde aún sea posible hacer las cosas como quien repara sus alpargatas porque estas aún reconocen la vereda por la que andar.

Seguramente haya momentos en que continuar no consista en seguir avanzando en la misma dirección, sino en dejar de caminar hacia donde todos corren. O hacia donde a todos nos quieren hacer correr.

Seguramente sea eso lo que nos está ocurriendo. No sentimos deseos de llegar antes que nadie. Tampoco de ocupar lugares, acumular reconocimientos o participar en una carrera cuyas reglas cambian constantemente.

Seguramente no se trate de renunciar. Quizá se trate simplemente de regresar. De volver la vista hacia aquello que no necesitaba anunciarse para existir. Hacia aquello que encontraba su camino por sí mismo. Como al principio. Como siempre. Porque tal vez ese otro lugar nunca desapareció.

Seguramente quienes nos alejamos fuimos nosotros.

para hierbolario.blogspot.com

Eduardo González 











Comentarios

Entradas populares de este blog

El fraude de la vergüenza

Tregua y continuidad

Encendamos la dignidad