Lo que aparecerá después
Lo que aparecerá después
Quien hizo esta fotografía no vio la sombra de la torre sobre el aspa. Miró hacia arriba, calculó el encuadre y apretó el disparador en el momento que consideró oportuno. Las aspas giraban demasiado deprisa y el ojo, con las limitaciones de quien se cree dueño de cuanto mira, apenas alcanzaría a distinguirlas. Mucho menos aquella sombra cruzando una de ellas durante una fracción de cualquier segundo.
Pero la cámara sí. La cámara se quedó con ese instante y lo guardó donde nadie podía verlo todavía. Durante algún tiempo, aquella sombra existió únicamente dentro de una película enrollada. Hubo que entrar después en un cuarto oscuro, abrir el carrete, sumergir la imagen en líquidos y esperar. Resulta extraño que para ver algunas cosas sea necesario apagar primero la luz.
Entonces apareció la torre poco a poco. Primero una forma incierta. Después los hierros, las crucetas, la cabina y aquellas aspas detenidas en un movimiento que el viento nunca quiso quieto. Y, en una de ellas, la sombra. El fotógrafo descubrió en ese momento algo que había tenido delante sin llegar a verlo.
Han pasado los años y sobre la fotografía han aparecido otras cosas. Manchas en las esquinas. Cercos. Pequeñas quemaduras químicas. Lugares donde el papel parece haber enfermado. Tal vez el líquido revelador no se retiró del todo o quizás fueron otros compuestos los que continuaron trabajando a escondidas. No importa. La fotografía siguió revelándose después de revelada.
Pensamos que una fotografía termina cuando sale del cuarto oscuro. Que desde ese momento queda fijada para siempre y solo nosotros envejecemos delante de ella. Pero no es verdad. También las fotografías continúan viviendo. Los químicos siguen conversando con el papel, la humedad entra por los bordes, la luz insiste y los años van dejando manchas donde antes no había nada.
Es posible que nos esté ocurriendo lo mismo. Que creamos haber comprendido una conversación cuando ha acabado, dar por conocido un lugar cuando nos marchamos de él o una vida entera cuando la recordamos en el último segundo. Pero los años siguen actuando sobre nosotros como los viejos productos de laboratorio. Entonces aparecen recuerdos que no supimos que conservábamos y sombras que solo veremos cuando ya no nos sea posible volver a colocarnos delante de aquello que las produjo.
Hoy es 18 de julio.
¿Seguirán ocurriendo las cosas noventa años después de haber ocurrido?
Quizá los hechos no terminen el día en que empezaron a suceder.
Y su sombra nunca deje de ocurrir.
Eduardo González

Genial 👍
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