Todo al rojo
Todo al rojo. En esta imagen vemos a una mujer, una palangana, un banco y una gota de sangre. Probablemente nos hayamos fijado primero en la gota. Y aunque apenas ocupa espacio, resulta difícil apartar los ojos de ella. Todo lo demás es mucho mayor: el cuerpo de la mujer, sus ropas, la palangana donde ha metido un pie, incluso sus propias manos. Pero basta ese pequeño punto rojo para que nuestra mirada organice todo alrededor suyo. La imagen, sin embargo, contiene una pequeña trampa. Esa gota no reclama nuestra atención únicamente porque sea sangre. La miramos porque alguien decidió dejarla roja. Ustedes la miran porque yo decidí que fuera roja. Todo lo demás lo reduje al gris y, en medio de ese mundo sin color, el rojo adquiere un privilegio extraordinario. Sus ojos no han elegido tanto como creen: yo elegí antes por ellos. Fuera del dibujo ocurre algo parecido. Encendemos el televisor y alguien ha vuelto a colorear la gota. Un político ha dicho algo, otro ha respondido...