Un muchacho escribe sobre lo que el mar dejó en la orilla


 Un muchacho escribe sobre lo que el mar dejó en la orilla

Cuando el mar devuelve cosas que nadie le ha pedido, las deja sobre las piedras y se retira unos metros, como si no tuviera nada que explicar. Entonces somos nosotros quienes nos acercamos para intentar comprender qué hace allí lo que unas horas antes pertenecía a un mundo diferente al nuestro.

Los muchachos se acercaron al animal sin saber muy bien qué distancia habría que guardar ante algo tan grande y tan muerto. Uno extendió la mano, otro se quedó detrás y alguien debió de decirles que podían tocarlo. O quizá nadie dijo nada y fue suficiente la curiosidad: esa valentía que tenemos cuando todavía no hemos aprendido del todo a tener miedo.

Tal vez esperaban encontrar algo del mar sobre su piel: su frío, su movimiento, la profundidad de la que había venido. Pero el mar no se deja tocar tan fácilmente. Había abandonado aquel cuerpo sobre las piedras y se había llevado consigo casi todo lo que lo hacía inexplicable. Durante un rato, sin embargo, el animal siguió uniendo dos mundos. A un lado estaba el lugar del que procedía, inmenso y azul, aunque la fotografía apenas lo muestre. Al otro, la tierra firme, con sus piedras, sus coches y la gente que se acercaba a mirar. Y en medio permanecía él, demasiado grande para convertirse inmediatamente en una cosa y demasiado inmóvil para continuar siendo lo que había sido.

Después llegó un tractor. Por orden de la autoridad abrió un gran hoyo entre las piedras y lo enterró allí, donde hoy caminan los pies descalzos de los windsurfistas antes de entrar al agua y llenar de colores con sus velas el mar de Pozo Izquierdo. Y se acabó el cuento.

O casi. Porque en la fotografía quedaron unos muchachos acercándose al enorme cuerpo. Ninguno sabe todavía cuánto tiempo puede durar una fotografía. Han pasado muchos años desde entonces. El animal desapareció bajo las piedras, el tractor se marchó y la playa continuó cambiando. También los muchachos.

Y ahora quizás sea uno de ellos quien escribe sobre lo que el mar dejó en la orilla un día ya lejano.

para hierbolario.blogspot.com

Eduardo González


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