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Hubo una vez

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      Hubo una vez en la que, en el gimnasio de un colegio, se utilizaron sus paredes para sostener una exposición a base de paneles, fotografías y otros objetos que permitieran explicar a su alumnado nociones básicas sobre el pastoreo en Canarias. Todo ello para que el monitor, casualmente éste que les escribe, se pudiera ayudar en sus explicaciones: aquellas encaminadas a hacerles comprender a las alumnas y alumnos el origen del Juego del Garrote Tradicional de Gran Canaria. Hubo una vez, esa misma, en la que en la misma escuela se dio la oportunidad al alumnado de coger un garrote entre sus manos y aprender lo más esencial del juego mencionado. Hubo una vez que durante un par de semanas, y en horas lectivas, se produjo dicha oportunidad. La dirección del CEIP Camino La Madera y su Asociación de Madres y Padres, AMPA “Camino de Amurga”, la hicieron posible. La Escuela de Garrote La Revoliá proporcionó tanto el monitor como los conocimientos necesarios para ello. ...

Pastor de Versos

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“…porque cuando eso ya estábamos nosotros con las cabras aquí abajo…en la costa…porque se venía huyendo de los fríos de la cumbre…y entonces venía, cuando nos juntábamos todos para las pelás de ovejas, un hombre que nos cantaba poesías…yo era chico, claro, pero se me quedaba en la cabeza lo que decía y me las aprendía” “ Si, todavía me acuerdo de muchas de las cosas que decía. Decía, por ejemplo:… Poesía para el pobre…poesía necesaria como el pan de cada día…como el aire que exigimos trece veces por minuto… …yo, al principio, me asustaba un poco lo que decía pero las iba apuntando en mi cabeza para repetírmelas a mi mismo cuando estaba solo, para aprendérmelas…” “ Claro que me asustaba…pero me gustaba mucho porque no eran como las cuartetas que decía Laito Trujillo…no porque sus cuartetas no me gustaran, que me gustaban mucho…pero en verdad eran aquellas otras que se medían de otra manera y no de cuatro en cuatro… Porque vivimos a golpes…porque a penas si nos dejan decir qué somos ...

Un mensaje de apoyo y ánimos

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  Desde hierbolario.blogspot.com se desea expresar solidaridad y apoyo con todas aquellas personas que han pasado, y están pasando, una tremenda catástrofe personal y humana a consecuencia de lo sucedido en toda esas partes de la península que se han visto afectadas por una climatología adversa y contundentemente desastrosa. Así mismo se desea a todas aquellas personas con voluntad política, y con cargos en dicha voluntad, que abandonen la práctica de tirarse los trastos a la cabeza porque van a perder (si no lo han perdido desde hace ya tiempo) lo poco que de ésta les pueda quedar. Ahora es el momento de atender a quienes están sufriendo lo insufrible: a quienes no se les puede, bajo ningún concepto, faltar al respeto. Un abrazo y muchos ánimos.  

Elías González

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Apareció en las vísperas de San Juan, asomando por las últimas vueltas del camino que caía sobre Cueva Blanca. Los silbidos que hacía sonar desde la loma anunciaban su llegada y los griteríos de la chiquillería alborotada en el patio de las cuevas respondían a su aviso. Elías González vestía una chaqueta vieja, remendada y de no muy buen olor. Puede que fuera gris o negra, o que en algún momento de su existencia reflejase claramente cualquiera de los dos colores y que ahora se viera así de la suciedad que llevaba encima. De un par de tallas mayor de la que le correspondía le tapaba gran parte de los pantalones, del mismo color del que no sabríamos decir de la desvencijada prenda. A Elías le faltaba un brazo, recogiéndose la vacía manga en un amarre rudimentario a modo de botana. Y el brazo que le faltaba era la cuestión por la que su vida transcurría sobre un rosario de miserias y hambres, teniendo pocas ocasiones y menos manos aún con las que poder ganarse la vida. Ordeñar y cuidar...

Una imagen

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La belleza de esta imagen se basta por si sola. La plasticidad que proporciona la figura del saltador en armonía con su garrote, en armonía con el paisaje, en armonía con el cielo azul, en armonía consigo mismo, es tan intensa que ésta pierde todo su sentido competitivo. No hacen falta  motivos para comprender que no necesita más alicientes para hacer lo que está haciendo. Somos capaces de ver las intenciones en sus ojos aunque estos estén a la sombra de su sombrero. Percibimos su concentración, su tranquilidad, incluso la felicidad que desprende su figura en una perfecta posición en la salida del salto que va a realizar. En definitiva: debemos plantearnos si hace falta convertir el salto del pastor, o cualquier otra práctica tradicional como el juego del palo o del garrote tradicional, en un deporte meramente competitivo. ¿Creen ustedes acaso que el compañero saltador de la imagen de hoy necesita algún aliciente comparativo, disputativo, contendiente o concursante para ser tre...