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Languidece la casa

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  Languidece la casa Las casas —aquellas que un día fueron el centro de las conversaciones que escuchamos, los olores que respiramos y la infancia que fuimos— se mueren como cuerpos sin nombre. Languidecen en un desaliento que nos habla sin dientes y balbucean entre legañas de piedra mientras nos escupen, con cortesía a punto de morir, la saliva seca de un pasado que ya nadie quiere recordar. Ya olvidamos quiénes las levantaron, quiénes cosieron las cortinas de sus ventanas y quiénes fueron a sentarse en la puerta de la entrada a ver cómo caía la tarde. La memoria se nos escurre entre sus rendijas, igual que la luz al atardecer, y nosotros, distraídos por los destellos del presente, no advertimos que en cada grieta se va hundiendo un fragmento de nuestra propia historia. Frente a ella, los molinos nuevos giran con una letanía moderna. Y su zumbido ahoga lo poco que queda del aire que una vez soplaron estos vientos. Todo lo que fue casa se ha vuelto ruina; todo lo que fue hoga...

Curtir

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  Curtir Los sobones, amorosos cuando el pellejo ablanda —después de tantos otros que queman por la mucha sal o por el rasposo callao que también muele la mano—, no son para el verano si se gusta de cama tardía. Pero antes de estos —y antes de que el sol nos despierte en las sábanas—habrá que despojar a la piel de todo lo que fue cuerpo: la carne, la grasa y el resto de vida que aún se quiera agarrar a ella. Se cuelga después a la sombra, se deja escurrir y se le da vuelta para que respire. Luego viene la salazón, a puñados y casi siempre sin medida. La sal no se cuenta: se intuye. Ella es quien cierra la herida, quien succiona la humedad y orea lo que aún tiene de animal. En los días de más calor, el aire se llena de un perfume ácido y dulce a la vez, mezcla de aquello que se va y de la piel que se queda, recordándole al curtidor que lo vivo no se abandona del todo: solo cambia de forma. Cuando la sal ha hecho su trabajo, llega el raspado. Se raspa, se limpia, se elimina el...

Cuando el aire llama

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  Cuando el aire llama Le contaba yo hace pocos días, pariente, que ya no se oyen los bucios pregonando, por las calles, viejas ni brecas ni “pescaito partío”. Que el aire, cuando sube de la costa al pueblo, ya no trae ese aliento salado de la mar que anunciaba vida y comida a partes iguales. Pero mire usted por dónde —y será por el son majadero de mis madrugones que remueve lo que uno cree dormido—, me vino a aparecer, entre papeles que se avejentan y cajones que se empeñan en que no, esta foto de Carlitos “ el Rastas” , soplando él su bucio con tanto jeito como las ganas bien puestas que tiene y pone. Déjeme decirle que ni él ni su caracola son de esta Canaria arredondeada nuestra. Cayó por aquí como caen los que siguen la corriente de la vida, sin rumbo fijo, llevado más bien por el reboso de una cuadrilla de palmeros que con sus lanzas —así llaman ellos a lo que nosotros garrotes— recalaron en nuestras Tirajanas hace ya una década, quince meses más o quince meses menos. ...

Pepito Melián. Una vida entre cabras, ovejas y pastos

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  Pepito Melián. Una vida entre cabras, ovejas y pastos “La cueva grande del risco ese… la que atraviesa el risco de banda a banda… Esa llegó a tener una pared en medio porque ahí se llegó a guardar hasta dos ganaos al mismo tiempo. Uno… por la banda de arriba, el ganao de Los Ramos… y el de mi padre por la parte de abajo. Sí, de eso hace muchos años. Yo era un chiquillo. Tendría yo diez años… o menos… cuando eso.” (Pepito Melián, pastor) “A mi padre no le quea ninguna cueva que conocer en ese risco… porque cuando chico se escondía en ellas pa no tener que ir a la escuela.” (Pepe Melián, hijo) Pepito reparte con justicia sus más de ochenta años sobre cada pierna. Y cuando calla, el silencio se vuelve más elocuente que cualquier respuesta. En sus ojos pequeños —hundidos por el sol y por la costumbre de mirar lejos— se refleja todo lo que hemos dejado de mirar nosotros. Hablar de su vida es un atrevimiento: una existencia entre cabras, ovejas y pastos que todavía se resist...

La inmediatez y su ruido

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  La inmediatez y su ruido Antes de que existiera el estilo, existió la palabra. La palabra sola, desnuda, cruzando los siglos como un hilo invisible. Palabra que era canto, rito y memoria. No buscaba el brillo del escaparate ni la aprobación del instante: solo quería mantenerse viva en la boca de quien la decía y en el oído de quien la escuchaba. Y cuando me digo esto me viene al recuerdo que, siendo muy niño, me perdí con un lápiz que dibujaba palabras sobre el papel para no olvidarlas. Más de grande me volví a perder cuando caí dentro de un libro y casi que no quise encontrar la salida por querer quedarme entre sus páginas. También me he perdido muchas veces intentando encontrar las palabras con las que escribir mi camino, como si fueran éstas las migas de pan con las que voy marcando la vereda que habré de tomar a la vuelta. En cierta manera me gusta perderme así: sabiendo que los pájaros se las comen y que no me queda más remedio que encontrar palabras nuevas entre las que ...

Declaración oficial, en el BOC, del Juego del Garrote Tradicional de la isla de Gran Canaria como Bien de Interés Cultural Inmaterial

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  Declaración oficial, en el BOC, del Juego del Garrote Tradicional de la isla de Gran Canaria como Bien de Interés Cultural Inmaterial Hoy, 17 de octubre de 2025, el Juego del Garrote Tradicional de la isla de Gran Canaria ha sido declarado oficialmente Bien de Interés Cultural Inmaterial , en la categoría de Juegos y Deportes Autóctonos , según el Decreto 133/2025, de 13 de octubre , publicado en el Boletín Oficial de Canarias. Con esta declaración se reconoce, por fin, a una práctica que ha sobrevivido a los silencios, al olvido y al paso del tiempo. También se reconoce que parte de nuestra cultura, nacida del pastoreo y de la necesidad, encontró en el garrote no un arma, sino una manera de entender el equilibrio, la dignidad y la palabra dada. Detrás de este reconocimiento hay décadas de esfuerzo colectivo, de manos que enseñaron sin pedir nada, de escuelas que mantuvieron viva la llama: La Familia Maestro Paquito Santana , La Revoliá , La Barranquera … y todas aquel...

Tregua y continuidad

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  Hoy, el Juego del Garrote tradicional canario ha sido declarado, en el Consejo de Gobierno de Canarias, Bien de Interés Cultural Inmaterial. Así: con todas las letras y con el peso que tienen estas cuando llegan después de tanto tiempo esperándolas. Y hoy, quienes apostaron por este reconocimiento —los que se reunieron, redactaron, corrigieron, representaron a los colectivos, respondieron alegaciones y volvieron una y otra vez sobre los mismos papeles— pueden, al fin, detenerse un momento y mirar hacia atrás sin prisas. También pueden permitirse, sin culpa, celebrar en silencio lo alcanzado, aunque sea con el gesto sencillo de quien brinda con la mirada. Sería adecuado, así mismo, reconocer en este instante que la mente humana necesita, de vez en cuando, una tregua: una rendija por la que entre el aire. Este es uno de esos momentos porque no hay logro que no venga acompañado de un cansancio profundo, de una leve desorientación que deja el esfuerzo cuando ha durado demasiado...